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Carta al hombre de mi vida

Hoy te quiero pedir una disculpa, realmente no fue mi intención. Desde que nací me han bombardeado por todos lados sobre mi condición inferior, sumisa, dependiente, débil, ingenua, insuficiente por ser mujer. Me han dejado claro que por mi misma no puedo hacer mucho y que si logro algo seguramente es porque tengo un hombre que lo respalde o el mayor reconocimiento, un golpe de suerte. Me explicaron que mis sueños deberían quedarse en el limbo, que venía a cumplir con ciertos roles ya determinados para nosotras como seguir reglas (no hacerlas), ser una dama, casarme y tener hijos, no intentar cambiar nada establecido porque ese era trabajo de ustedes, y si acaso me sobraba tiempo, entonces podría hacer algo que me gustara como ir al salón de belleza o a desayunar con las amigas (que tenían que tener básicamente la misma vida que yo para que pudieran serlo). Sé que tal vez te parezca extraño porque estamos en el 2019 y decir esto suena un tanto ridículo, y lo es, pero la verdad es que hay cosas que todavía no han cambiado.

También crecí con ciertos miedos, como a no vestirme como yo quiero todo el tiempo porque seguramente daría “señales” equivocadas de la clase de persona que soy y pondría en duda los valores con los que me educaron, porque claro, no solo cargo con mi reputación sino también con la de mi madre y la de todas las mujeres que en algo tuvieron que ver con mi formación. Miedo a querer tener una carrera y vivir de ella, a posponer el matrimonio y la maternidad para realizarme como profesionista y mujer, porque seguramente me etiquetarían como “incapaz de tener a un hombre a su lado”. Miedo a ser la primera en decir “te quiero” y a hacer el amor cuando mi cuerpo lo quisiera porque ambas opciones también pondrían en duda mi valía y mi dignidad. Miedos, miedos, miedos… y miedos a ustedes también, miedo a ti.

Todos ellos me han hecho ir por la vida con la espada desenvainada porque si algo era un hecho, es que la iba a ocupar. Sin embargo, en el trayecto (entre tantos miedos) se me olvidó que si cargo con ella es para abrir camino, para cortar hierba y defenderme en caso de peligro, no para atacarte a ti sólo por aparecer en mi vida. Lamento profundamente no haber confiado en tu palabra cuando me decías que no me engañabas, lamento haber dudado cuando decías “te quiero”, lamento haberte hecho una escena de celos solo porque estabas con tus amigos, lamento haberte dejado cuando más lo necesitabas, lamento con el alma no haber sido fuerte cuando la carga era muy pesada para ti y ayudarte a aligerarla. Lamento haberme portado como una niña chiquita y creer que tenías por obligación que “ganarme” y hacer malabares para “estar a mi nivel”, lamento haber extendido esta brecha entre nosotros y ayudar para que cada mujer a mi alrededor hiciera lo mismo con otro hombre. Lamento haber puesto mi sensibilidad, mi calidez y mi ternura en un cajón para que no se gastaran y sacarlas cada año bisiesto. Lamento no dejar que me protejas y me cuides, por confundirlo con debilidad. Lamento haberme ido cuando me pediste que no lo hiciera y lamento haberte dejado ir cuando quería que te quedaras. Lamento haberme olvidado que ser pareja es ser un equipo y no contrincantes.

Hoy espero que no sea demasiado tarde y que sepas que día a día trabajaré para recuperar a esa mujer que se quedó atorada en el trayecto. Que me doy cuenta de mis errores y que valoro al hombre que eres. Que te reconozco sincero, cariñoso, educado, caballero, buen amigo, leal, comprensivo, respetuoso. Que, si bien hay algunos de los cuales cuidarse, tú no eres uno de ellos. Hoy bajo mi espada y desocupo mi mano con la esperanza de poder tomar la tuya para, ahora si, iniciar un camino juntos. 

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