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Qué fortuna la tuya…

No tienes que recorrer los pasillos donde a escondidas nos besábamos, ni ver de frente esas miradas curiosas que todavía ansían saber la verdad. 

Te has librado de los recuerdos vivos, esos que cantan y que vibran y que por más que quiera no me dejan en paz. Y ni qué decir de aquellos rincones que aún cuentan nuestra historia sin cesar.

Si, qué fortuna.

Tu cuento fue un borrón y cuenta nueva, aquí nada pasó. El mío se escribe sobre las cenizas de una historia, ¿haz tratado de escribir sobre cenizas?
Una locura sin piedad. 

Tu mayor tragedia es que mi nombre es un color y tu mayor fortuna, que poco a poco habrá perdido eco con la normalidad. Mi mayor tragedia es que tu nombre está escrito en papeles que no puedo tirar, sentado en acuerdos que no puedo deshacer y oculto en frases que solo yo puedo descifrar.

Qué fortuna la tuya, si, qué fortuna.

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