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Se puede…

Se puede. Se puede guardar al amor en un cajón y visitarlo cada año bisiesto. Se puede seguir al pie de la letra el guión que alguien más ha escrito para nosotros sin claudicar más allá de nuestra mente, se puede.

Se puede obviar cada celo, cada desazón de no estar cerca, cada impulso de salir corriendo y confundir todo con una gripa o un simple mal día en el trabajo. Se puede mirar a los ojos y decir “te amo” a sabiendas que lo que sientes no se acerca en lo más mínimo a lo que la otra persona espera recibir de ti.

Se puede sonreír, crear grandes recuerdos y sustentarlos en una felicidad tan bien elaborada que terminarás por creértela. Se puede. Se puede hablar mal del amor, decir que es inmaduro, que rosa es una flor y no un estado de ánimo, que la juventud ya pasó y que ahora lo que debes hacer es portarte como un adulto responsable y dejar de fantasear. Se puede ir a la cama y dedicarle un suspiro a esa persona de la que nadie te volverá a oír hablar o siquiera pronunciar su nombre, porque hacerlo sería un tanto menos que debilidad.


Se pueden idear mil formas, diferentes cada día, para enterarse de su camino, de su destino y de su libertad. Se puede, cada tanto, anhelar un segundo más, un abrazo más, un beso más. Se puede.

Él pudo. Yo no.

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